dibujos en el agua

viernes

 















Cachalotes

El caza las estrellas de mar y las guarda en números imposibles de fijar, por que se pescan en tandas de a varias, por que las estrellas viajan, o se mueven más bien, en números que parecen familias y él las guarda por días en las bermas del mismo mar que las pesca. Intentar recordarlo es intentar hacer que la niebla no se bata con las alas de los cisnes que viven en esos lugares en que él las caza. Todo lo demás es perverso, pues las seca al sol, hasta que se momifican y las guarda en su casa, dándole a sus habitaciones un olor marino fétido e inaguantable. Por las tardes las repinta del color más parecido que logra conseguir con pintura, de un rojizo ladrillo, con visos rosa. Ya que momificadas todas se vuelven del color de un cuero crudo. Así es como lo encontramos en la feria que se forma en el mercado fluvial, también lleva allí, las cáscaras que quedan de moluscos, que sirven de cenicero, a los que ha tallado los nombres de varias playas de esta ciudad. Por fin en ese pequeño cajón tapado con hojas de diario donde ha puesto las rumas de estrellas de mar, están los tallados que durante todas estas noches hace, cachalotes tallados, que miran con pequeños ojillos entrecerrados y nadan en el aire con un gesto en la aleta de empuje. Y pingüinos, que él nunca ha visto, pero que por eso mismo logra hacer con extraña clarividencia en palos secos que recoge de la marea ya redondeados. Y los barcos, o botes con velas de madera, que también llevan nombres de personas. Lleva el mismo olor de vegetales marinos fétidos todo el año y todo el año trae también estos delfines de palo y estas estrellas con látex, que la gente compra y cuelgan en sus casas.

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