dibujos en el agua

viernes

 















Silla voladora

¿Y te acuerdas?. Toda encoloniada y rectita de falda y calcetines nuevos. Chaqueta corta y manzanas con caramelo. Era una tarde para inscribir en la memoria. Los taca tacas, tanta gente, tan contenta, el aserrín de pino en el suelo y las tiras de ampolletas de colores. Te dije, no subas conmigo. Pero como eres hecha de esa burbuja que cuando comienza a agitársela no para de subir, dijiste que estaba exagerando. Te subiste y me mirabas contenta sentada en la silla loca numero tres, gritabas que te había tocado la amarilla. No bastó más que cinco vueltas volando cuando empezaste a gritar de nuevo. Y quedaban treinta vueltas. Con las patas abiertas y agarrada en la silla voladora, abrías la boca con los ojos cerrados en una línea. Los velos de vomito con dulce de manzana , ¿te acuerdas? eran tandas de semi círculos perfectos en el aire y sobre la trompa de la gente en primera fila que no alcanzaron a escapar de este extraño pulpo de alambres, que giraba lanzando sus tentáculos de caramelo. 

 
















Chirios

Era una feria pequeña, alas de pájaro, con herramientas viejas y manzanas con ojos, que son esas marcas que dejan las partes que se pudren, plumas de alas de pájaros, una anciana vendía chirios, que son pájaros pequeños, del tipo amarillo verdoso, en pilguas pequeñas, los sacaba de una jaula y te los daba, volar es para nosotros, siempre usé muy poco dinero y se los compré todos, supe con el tiempo que la gente los compraba para comérselos. Frente a ella , abrí la pilgua y superados por lo que pasaba algunos no volaban, al lanzar la bolsa al aire volaron todos, la pilgua vacía cayo sobre la jaula, se aspirará con este vuelo a llegra lo más lejos posible, la anciana se río y me grito nerviosa ¡ vuelva mañana, con usted me voy a hacer rica, mañana le voy a traer los mismos que ahora soltó, por que viven siempre donde nacen aunque los maltraten y aunque conocen la trampa siempre caen en ella ¡. Volar es para nosotros. Al liberarlos creí haber ganado y ella me derrumbó, de vuelta a casa, sin dinero, esos chirios me recordaban a nosotros mismos



 















Cachalotes

El caza las estrellas de mar y las guarda en números imposibles de fijar, por que se pescan en tandas de a varias, por que las estrellas viajan, o se mueven más bien, en números que parecen familias y él las guarda por días en las bermas del mismo mar que las pesca. Intentar recordarlo es intentar hacer que la niebla no se bata con las alas de los cisnes que viven en esos lugares en que él las caza. Todo lo demás es perverso, pues las seca al sol, hasta que se momifican y las guarda en su casa, dándole a sus habitaciones un olor marino fétido e inaguantable. Por las tardes las repinta del color más parecido que logra conseguir con pintura, de un rojizo ladrillo, con visos rosa. Ya que momificadas todas se vuelven del color de un cuero crudo. Así es como lo encontramos en la feria que se forma en el mercado fluvial, también lleva allí, las cáscaras que quedan de moluscos, que sirven de cenicero, a los que ha tallado los nombres de varias playas de esta ciudad. Por fin en ese pequeño cajón tapado con hojas de diario donde ha puesto las rumas de estrellas de mar, están los tallados que durante todas estas noches hace, cachalotes tallados, que miran con pequeños ojillos entrecerrados y nadan en el aire con un gesto en la aleta de empuje. Y pingüinos, que él nunca ha visto, pero que por eso mismo logra hacer con extraña clarividencia en palos secos que recoge de la marea ya redondeados. Y los barcos, o botes con velas de madera, que también llevan nombres de personas. Lleva el mismo olor de vegetales marinos fétidos todo el año y todo el año trae también estos delfines de palo y estas estrellas con látex, que la gente compra y cuelgan en sus casas.

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